23 de octubre de 2010

Arrancar.

Cuando algo es cierto no se puede arrancar, no se puede ir en contra de eso. A veces se que me miras como tu tesoro y me alegra demasiado, me emociona saberme tan amada por ti. Despues veo mi necedad de buscar de otras formas el que me amen, siendo que el amor mas grande de todos muere por mi. Dios mio, como arrancar, como correr lejos si cada día me veo mas convencida que desde antes de nacer me pensaste para ti, soy tuya y de nadie mas, y me cuidas y proteges como a la niña de tus ojos. Que ciega, que necia, pero que felíz saber que tu eres mi verdadero amor. Sin palabras, una vez mas descubriendo la gratuidad de tu amor, pero este amor predilecto que tienes por mi. Hacerme la tonta? No puedo. Te amo tambien y en ti esta mi felicidad.

Salmo 139

Señor, tú me sondeas y me conoces,
tú sabes si me siento o me levanto;
de lejos percibes lo que pienso,
te das cuenta si camino o si descanso,
y todos mis pasos te son familiares.

Antes que la palabra esté en mi lengua,
tú, Señor, la conoces plenamente:
me rodeas por detrás y por delante
y tienes puesta tu mano sobre mí;
una ciencia tan admirable me sobrepasa:
es tan alta que no puedo alcanzarla.

¿A dónde iré para estar lejos de tu espíritu?
¿A dónde huiré de tu presencia?
Si subo al cielo, allí estás tú;
si me tiendo en el Abismo, estás presente.

Si tomara las alas de la aurora
y fuera a habitar en los confines del mar,
también allí me llevaría tu mano
y me sostendría tu derecha.

Si dijera: “¡Que me cubran las tinieblas
y que la luz sea como la noche a mi alrededor!”,
las tinieblas no serían oscuras para tí
y la noche sería clara como el día.

Tú creaste mis entrañas,
me plasmaste en el seno de mi madre:
te doy gracias por que fui formado
de manera tan admirable.
¡Qué maravillosas son tus obras!

Tú conocías hasta el fondo de mi alma
y nada de mi ser se te ocultaba,
yo era formado en lo secreto,
cuando era tejido en lo profundo de la tierra.

Tus ojos ya veían mis acciones,
todas ellas estaban en tu Libro;
mis días estaban escritos y señalados,
antes que uno solo de ellos existiera.

¡Qué difíciles son para mí tus designios!
¡Y qué inmenso, Dios mío, es el conjunto de ellos!
Si me pongo a contarlos, son más que la arena;
y si terminara de hacerlo,
aún entonces seguiría a tu lado.

Sondéame, Dios mío, y penetra en mi interior;
examíname y conoce lo que pienso;
observa si estoy en un camino falso
y llévame por el camino eterno.

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